Un cese el fuego significa que cesa el fuego. Para el 29 de octubre, al menos 211 palestinos habían sido asesinados y casi 600 heridos en 125 violaciones del alto el fuego por parte de Israel desde que este fue declarado, según informó Al Jazeera. Ningún israelí había muerto.
En las 24 horas más mortales desde el inicio del “alto el fuego”, Israel afirmó haber alcanzado más de 30 objetivos. Sostuvo que se trataba de “terroristas en posiciones de mando dentro de organizaciones terroristas”. Sin embargo, el mundo volvió a ver bebés, niños y otros civiles siendo sacados de entre los escombros —muertos o destinados a hospitales que carecen de la capacidad necesaria para atenderlos.
Los medios occidentales dominantes siguen destacando las acusaciones de Israel, dedicando mucho menos tiempo a sus múltiples violaciones del acuerdo. No ha habido ninguna consecuencia para Israel, que continúa ocupando el 58% de la Franja de Gaza, desplegando a las bandas que apoya detrás de la “línea” y disparando contra los palestinos que cruzan esa línea invisible y mal definida.
Mientras se culpa a Hamás por la lentitud en la devolución de los cuerpos de los rehenes israelíes, Gaza no dispone del equipo forense necesario para examinar restos humanos extraídos de los escombros. Israel niega el acceso a la maquinaria que permitiría levantar esos escombros y recuperar los muchos cuerpos que permanecen sepultados. La gran mayoría de esas personas enterradas bajo los escombros son palestinas.
No solo la “paz” prometida por Donald Trump parece lejana, sino que incluso el respiro desesperadamente necesario se muestra esquivo para los palestinos. Tampoco llega la comida: Israel sigue violando el acuerdo de alto el fuego que preveía un mínimo de 600 camiones diarios cargados de ayuda. Los palestinos siguen pasando hambre. Esperan atención médica. Viven en condiciones extremas, muchos aún sin techo, mientras llega el invierno.
Nuestros gobiernos tienen obligaciones inmediatas. No debemos normalizar ni apoyar este régimen ilegal, y debemos actuar para proteger y salvar vidas. Llamamos a todos nuestros gobiernos a expulsar al embajador israelí local, retirar a sus propios embajadores de Israel, poner fin a toda venta de armas e imponer sanciones a Israel hasta que termine la guerra genocida contra el pueblo de Gaza, detenga la limpieza étnica y la violencia de colonos en Cisjordania, y se comprometa con la igualdad plena y la justicia para el pueblo palestino, conforme a todos los derechos palestinos reconocidos por el derecho internacional.
También exigimos a nuestros gobiernos y a los medios tradicionales que dejen de confundir a Israel con los judíos o al sionismo con el judaísmo. ¡Debe rechazarse la pretensión de Israel de actuar en nombre de los judíos del mundo, de convertir el antisemitismo en arma y de explotar el Holocausto de nuestro pueblo con fines genocidas!