Global Jews for Palestine

Basta de complicidad: que los Estados latinoamericanos rompan toda relación con Israel

Declaración de organizaciones judías antisionistas de América Latina integrantes de Global Jews for Palestine.

La profundización del genocidio sobre Palestina, que se extiende ahora al sur de Líbano, lleva ya dos años y medio, con decenas de miles de víctimas fatales, millones de desplazados y una creciente crisis humanitaria. Sin embargo, en este plazo las relaciones de Israel con los Estados latinoamericanos se han ido intensificando (con contadas excepciones, en general restringidas al plano diplomático). Incluso, acuerdos recientes abren la perspectiva de un estrechamiento de estos lazos.

Es el caso de los llamados “Acuerdos de Isaac”, que implican una mayor cooperación a nivel diplomático, de “seguridad” (vigilancia y represión), de movilidad y de fomento a las inversiones israelíes en suelo latinoamericano. Si bien los acuerdos fueron firmados por los gobiernos de Israel y Argentina, la iniciativa apunta a su extensión en toda la región.

Diez días después, ocho cámaras binacionales entre empresarios de América Latina e Israel (Argentina, Ecuador, Paraguay, Panamá, Guatemala, México, Uruguay y Chile) firmaron un Memorando de Entendimiento para fortalecer las relaciones económicas en todos los planos. El ministro de Relaciones Exteriores, Gideon Saar, declaró que 2026 “será el año de América Latina”.

Una alianza histórica

Visto en perspectiva, el entrelazamiento con Israel supera a los gobiernos circunstanciales: se trata de verdaderas políticas de Estado en los países latinoamericanos. A poco de su fundación en 1948, realizada sobre la base de la expulsión masiva de palestinos, Israel ya era reconocido por el conjunto de los Estados de la región. Una orientación que forma parte de la histórica sumisión de estos al imperialismo norteamericano y europeo.

En el extremo de esta alianza criminal, Israel apoyó y suministró armas a las dictaduras genocidas que asolaron nuestra parte del mundo en los ‘70 y ‘80.

En las últimas décadas, esta connivencia entre los Estados se formalizó y amplió. Los Acuerdos de Isaac han sido antecedidos, además de por los numerosos acuerdos bilaterales, por tratados como el de Israel con el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) de 2007. También por la presencia del Estado sionista como observador en la Organización de Estados Americanos y en la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú).

Negocios y complicidad

El accionar de los actuales gobiernos latinoamericanos se coloca (como sucede en la inmensa mayoría del globo) del otro lado de las movilizaciones populares que reclaman contra el genocidio y por una Palestina libre.

Israel destaca en la primera fila de sus aliados a los gobiernos derechistas de Argentina, Paraguay, Costa Rica, Panamá, Bolivia, Ecuador y Honduras, que apoyan abiertamente el genocidio en curso. Se sumaron recientemente a esta lista Rodrigo Paz Pereira en Bolivia y José Antonio Kast en Chile (que acaba de designar como embajador de Israel a un defensor a ultranza del genocidio).

A la cabeza de este proceso se encuentra el gobierno de Javier Milei en Argentina, que multiplica los memorándums con el Estado genocida y es el principal promotor de los Acuerdos de Isaac. El mandatario ultraderechista profundiza los vínculos particularmente estrechos del Estado argentino con el sionismo. Un ejemplo significativo es la injerencia en el país de la empresa israelí de aguas Mekorot, allanada por los acuerdos que firmó el gobierno anterior (de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner). Mekorot es protagonista de la privación de agua a los palestinos, con un 85% de la población nativa contando en promedio con solo 40 litros diarios (contra los 100 recomendados por organizaciones médicas, y los 300 a los que acceden los israelíes). La empresa tiene hoy acuerdos con 12 de las 23 provincias argentinas, donde oficia de intermediaria para que las corporaciones extractivistas se hagan del agua, en desmedro de las poblaciones locales. Los tentáculos de Mekorot se extienden a México, Uruguay y República Dominicana, mientras que en Chile la movilización popular obligó al retiro de la empresa.

Pero el mantenimiento y expansión de las relaciones bilaterales abarca también a los países cuyos gobiernos (de forma más o menos tardía) se declararon públicamente y adhirieron a la denuncia internacional contra Israel por genocidio, como Lula en Brasil, Claudia Sheimbaum en México, y hasta hace poco Gabriel Boric en Chile. 

A nivel diplomático, México sostiene a su embajador en  el enclave sionista, mientras que Lula y Boric los retiraron, pero sin romper relaciones y manteniendo las Embajadas en funcionamiento.

La complicidad es aún más clara en términos económicos. Brasil, cuarto mayor exportador mundial de petróleo a Israel, en 2024 aumentó un 51% esas ventas, que proveen a las fuerzas armadas y de ocupación sobre Palestina. El comercio entre Israel y México, que tienen hace 25 años un Tratado de Libre Comercio, superó en 2024 los mil millones de dólares. En el caso chileno, se mantuvieron estables.

El gobierno de Gustavo Petro en Colombia representa un caso especial, ya que el retiro diplomático fue integral y el gobierno anunció la ruptura del Tratado de Libre Comercio con Israel, así como la suspensión de importaciones de armas israelíes y de exportaciones de carbón colombiano. Sin embargo, el carbón sigue fluyendo. Por su parte, el competidor del petrismo en las elecciones en curso, Abelardo de la Espriella, ha anunciado que restablecería por completo las relaciones bilaterales.

Armamento, vigilancia y persecución

La exportación de armas israelíes a nuestra región creció en términos totales en el último período, como parte de un ascenso global: en 2025, las ventas militares del sionismo batieron un nuevo récord histórico. La mayor empresa armamentística (y la más cotizada) de Israel, Elbit Sistems, siguió expandiendo en estos últimos dos años su presencia en Latinoamérica, firmando nuevos contratos con Argentina, México, Brasil, Chile, Ecuador y Perú, y manteniendo 13 de ellos en Colombia. Palantir, multinacional que provee inteligencia artificial y análisis de datos a Israel para la detención y asesinato de palestinos, también avanza sobre nuestros países. Se trata, como ellos mismos lo presentan, de armamento, drones, sistemas de monitoreo y más equipos “probados en el campo de batalla” (es decir, sobre los cuerpos de las y los palestinos). Una tecnología de la crueldad que los Estados adquieren para utilizar contra sus poblaciones, a través de la violencia y la vigilancia, en muchos casos bajo la falsa acusación de “terrorismo” a los disidentes.

En la región también crece el ataque hacia quienes se expresan contra los crímenes del sionismo y por la dignidad palestina. A la represión a movilizaciones en Chile, México y Argentina, y la incursión policial sobre actividades solidarias, se suma la persecución ideológica y judicial y la censura. Una herramienta clave para ello es la definición de antisemitismo por parte de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA), que iguala interesada y falazmente la judeofobia con la crítica al Estado de Israel. Si bien se declara no vinculante, es utilizada por los Estados como base de causas y condenas judiciales, como las llevadas adelante en Brasil contra Zé Maria y Breno Altman, y en Argentina contra Vanina Biasi, Alejandro Bodart y Cristian Díaz. Hoy día, seis países latinoamericanos (Argentina, Guatemala, Costa Rica, Colombia, Panamá y Uruguay) se encuentran unidos a la IHRA, así como 12 de 27 estados brasileños. El gobierno de Javier Milei encabeza un intento de avanzada sobre la región, como refleja la reciente asunción de Argentina a la Presidencia de la IHRA.

Digamos Basta

Como organizaciones latinoamericanas de judías y judíos antisionistas, repudiamos la complicidad de los Estados de nuestros países con Israel, que contrasta con la lucha de los pueblos contra el genocidio.

Advertimos, también, que la complicidad con un genocidio documentado como ninguno en la historia, así como la adquisición de armamentos y tecnologías y la persecución a la disidencia, son caldo de cultivo para avances autoritarios en nuestros territorios. Es por eso que la lucha por una Palestina libre es también una pelea contra el extractivismo capitalista y las violencias estatales, por la libertad de expresión y protesta y por todos los derechos populares.

Desde las agrupaciones que integramos la red Global Jews for Palestine en esta parte del mundo, reclamamos a los Estados latinoamericanos la ruptura total de relaciones diplomáticas, militares, comerciales, judiciales y de cualquier tipo con el Estado de Israel, y la ejecución de medidas concretas contra el genocidio en curso.

Alto al genocidio en Gaza, no a la limpieza étnica y colonización en Cisjordania y Líbano.

Viva Palestina Libre, del río al mar.

No en nuestro nombre.

Judíes por Palestina (Argentina)

Vozes Judaicas por Libertação (Brasil)

Agrupación Judía Diana Aron (Chile)

Agrupación Mexicana de Judíes Interdependientes (México)

Judíes por una Palestina Libre (México)

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